sábado, 30 de junio de 2018

VERSOS DE ARTIFICIO














En la paz de las calles gastadas por el uso
mora un ser solitario que abastece el vacío
de recuerdos y auroras,
que rebusca en los cubos de los supermercados
y se aposta al socaire de un viento que no fluye.
En sus manos está
jugando a hacerse Diógenes
la lluvia permanente que en vano se condensa,
se duele y se evapora
por los rebosaderos de una piel con esquirlas.
Para vengar la ofensa
de tener que vivir siempre al borde extenuado de ese abismo
con que encadena el riesgo,
en un alfa y omega de realidad deforme
que trabaja en horario continuo de 8 a 3,
y zigzaguea
entre los dientes curvos del tiempo y del espacio
donde estiban los dioses, habría
que volver a nacer y nacer cuerdos.
Para asumir la herencia
del parqué de los días aciagos de la bolsa
donde la luz no escampa,
cruzando con los ojos de lunes cada viernes a las 7:40 a.m.
bajo el puente de Brooklyn,
habría que invertir las coordenadas
de las noches de acero, de las lunas de amianto, de la ansiedad,
del ruido y de su número atómico.
Por eso y entretanto, los menos de los hombres,
confortamos el rédito aciago de nuestra alma
con versos de artificio.

Santiago Redondo Vega. 2018




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