
Será por ser noviembre y por ser lunes
que se han rendido al viento las hojas de los árboles
y en toda la ciudad duerme el otoño
al remanso venial de un cajero de banco.
Se cubren los mendigos
con mantas de cartón todos sus males
y embaucan en aliento
las noches de unas manos indigentes.
Es lunes y es noviembre y hay hojas en el rictus de este cielo
que ha amanecido apenas:
los pájaros se imbuyen de los charcos,
el sol pide la vez a un celofán de escarcha,
los coches van llorándose por dentro
y, a pie, los transeúntes nos alzamos el cuello al ignorar
los faros de cartón que dictaminan
que hay una sociedad sin alma y con aceras
soladas con islotes de impiedad
fondeando en un mar pétreo sus barcos naufragados.
Se cubren los mendigos
con mantas de cartón todos sus males
y embaucan en aliento
las noches de unas manos indigentes.
Es lunes y es noviembre y hay hojas en el rictus de este cielo
que ha amanecido apenas:
los pájaros se imbuyen de los charcos,
el sol pide la vez a un celofán de escarcha,
los coches van llorándose por dentro
y, a pie, los transeúntes nos alzamos el cuello al ignorar
los faros de cartón que dictaminan
que hay una sociedad sin alma y con aceras
soladas con islotes de impiedad
fondeando en un mar pétreo sus barcos naufragados.




