jueves, 12 de febrero de 2009

AYER, MADRE

Foto: Santiago Redondo Vega

Ayer, madre, fue cinco de febrero
de un gélido y prosaico dos mil nueve
de jueves anodinos, hasta el rayo
que te anegó de paz y muerte el rostro
y perpetró la inercia de tus párpados
con su lacre de frío y mansedumbre.

Ayer, madre, la vida
echó pie a tierra en ti, como quien entra
descalzo en el azul de un cielo oblongo.

Ayer, madre, enterré
tu cuerpo apenas, con alma mineral
y amor ingrávido.

Ayer, madre, cumplí por ti mi parte
y te deposité marmórea y huérfana
en ese secular caimán de epílogos
donde descansa en paz el tiempo siempre.

¡Qué duro es el oficio de ser hijo
cuando toca enmendar niebla en tu abrazo!
Me duelen todavía de injusticia
los ojos por la deuda que mantengo:
tú me acunaste en sábanas de vida
y yo te arropo en lágrimas de muerte.

No tengo más que darte que mi luto
la savia de mi piel, carne en tu nombre,
el adiós de estos versos como lápida
y mis labios en cruz frente a tu olvido.

domingo, 11 de enero de 2009

LLUEVE ESTA TARDE

Foto: Santiago Redondo Vega

Llueve, en esta tarde
de corazón confuso, llueve
cauterizando en lágrimas la rendición del suelo,
al son del marcapasos de un funeral de hormigas
que fingen la tristeza de su asumido luto.
Llueve en la boca impresa,
llueve en el pecho anárquico,
llueve,
corazón,
llueve,
sueña que llueve
aunque te irradien soles
por la conciencia misma que la verdad te miente.

ROSA DEL FRÍO

(A un primer gran amor)
No sé por qué han venido los pájaros a darme
noticias de los idus
de tu desdén de cuarzo.
Ni a quien han sonsacado la pócima secreta
con que extraer tu nombre
de tan remoto instinto.
Del magma en que renaces me tientan los recuerdos
con vino y pan de almizcle
de un tiempo en que colmábamos
las bocas de alacranes.
Ahora te has vuelto salvia, y ni besas, ni mientes,
ni hacen eco en tu sombra obsoletos neones
donde herías mi lengua con tu lengua de olvido
avarienta y pequeña.
Se inundó tu guitarra de los locos acordes
de universos de niña
cuando apenas el mundo te enmendaba las alas de tu ingenua inocencia.
Y aquel sueño, tan tuyo, de anhelar ser un viento delirante y utópico,
de querer ser más libre aventando molinos con soplidos de nácar,
se durmió en la trastienda
de un librero de viejo, o un tratante de silbos.
No eran tiempos de huirse tras crucigramas mudos,
ni adentrarse en sudokus a la carta más alta,
cada sopa de letras guarda un hambre consciente
y un matraz para el juego
y un dosel para el luto.
Desde ese hambre te nombra,
con un verso en los labios,
mi ayer donde pernoctas como Rosa del frío.

martes, 30 de diciembre de 2008

COSMOS


Soy un ser ignorante para entender un cosmos
tan gigantesco y cuántico,
tan estelar y elíptico,
tan intangible a mi agnóstico azimut
que agota la memoria del satélite intelectual de mi cerebro.
Por mucho que me digan quienes circundan los cielos de años luz
que soy parte en su parte y que mi pulso
repercute en el pulso galáctico y astral de los planetas,
de las estrellas errantes, de los secretos de Orión y de las vías
de estratosferas lácticas,
me sigo viendo así, pequeño, ínfimo, tremendamente inútil
al latido abismal de tan inmenso cielo.
Ya me es grande la tierra y me desborda
soñar el más allá de un mar que aúna
el secular dolor de una frontera impresa
parcelando en países y profanando en vergüenzas de colores pastel
la mítica geoda
inicial y pretérita del alba,
que no es raro que a veces me sobrepasen a un tiempo y desde mí
la ciudad y la calle y la casa y la piel
y hasta el cosmos apacible de un silencio.

viernes, 28 de noviembre de 2008

POESÍA

Foto: Santiago Redondo Vega
"La poesía es tiempo yendo al tiempo"
Boris Rozas, poeta.

El tiempo yendo al tiempo es poesía
de un labio hacia otro labio y tan consciente
como un áspid de luna que envolvente
te atrapa, te sumerge, te porfía.

Reptando por tu humana geografía
hiberna en el maná de tu inconsciente
y embarca la mesura de tu frente
en un mar de prolífica osadía.

Serpea en libertad tu alma desnuda
de escamas y colmillos, hasta herirte
bestial, antropofágica y picuda.

Y no puedes huir, has de rendirte
a su concupiscencia testaruda
y admitirla en tu cama o reescribirte.

lunes, 24 de noviembre de 2008

ISLOTES DE IMPIEDAD



Será por ser noviembre y por ser lunes
que se han rendido al viento las hojas de los árboles
y en toda la ciudad duerme el otoño
al remanso venial de un cajero de banco.
Se cubren los mendigos
con mantas de cartón todos sus males
y embaucan en aliento
las noches de unas manos indigentes.
Es lunes y es noviembre y hay hojas en el rictus de este cielo
que ha amanecido apenas:
los pájaros se imbuyen de los charcos,
el sol pide la vez a un celofán de escarcha,
los coches van llorándose por dentro
y, a pie, los transeúntes nos alzamos el cuello al ignorar
los faros de cartón que dictaminan
que hay una sociedad sin alma y con aceras
soladas con islotes de impiedad
fondeando en un mar pétreo sus barcos naufragados.

sábado, 22 de noviembre de 2008

SE HAN ÍDO LAS ESTRELLAS

Foto: Arco Iris
Autora: Irene Redondo Vielva

Se han ido las estrellas a encapsular tu nombre,
a registrar tu risa en un sol de patentes,
a revestir con eñes los idiomas del aire,
a prorrumpirte toda
persiguiendo, celosas, cada pliegue en tu ombligo.
Y tú partes con ellas
bebiendo, curvilínea, de tu ego imaginario.
Sin ti me aburre el cielo
ahora que el otoño profana sus balcones
y le hunde en la trastienda de una boutique de grillos.
Me apartan tus ventanas de ti obstinadamente
y tus puertas me impiden trepar tus utopías;
cuarterones ingratos que se cierran hiriendo
como dagas de amianto,
como pechos de lastre.
Ya no encuentras bohemia en mi boca y me obturas
en las antologías de tus devocionarios
y me tiznas de olvido
y me niegas las flores
que alguna madrugada pronunciaron tu carne.
Que tu ausencia es un hueco en mitad de otro hueco
y es un tren tu silencio con carmín de ida y vuelta
que se apea en mis labios
y me abduce
y me grima.
Ya no arropas tu alma con mis brasas en ocre
ni me endulzas la voz con tu aliento centrífugo,
un cartel de derribo nos preside la casa
mientras huyen saltando tus paraguas mis charcos.
Y en mi lluvia inconsciente
se ha quedado sin techo
el proscrito arco iris
de tu piel impermeable.