viernes, 20 de marzo de 2009

TIEMPOS LETALES



No sé como explicarte artilugio sin nombre
que te engañas creyéndote un caracol metálico,
que tus babas son bilis de humanos sudorosos
cuando purgan sus vidas
de opulentas verdades.

Ciclótímico amorfo, ciclostático engendro,
gasterópodo elíptico que predicas la esgrima
del tributo a la imagen con falsete de esteta
persuadido en la inopia
de un millón de pedales.

Que yo sepa no arrostran hierro los caracoles,
ni los hombres remontan con tus cuernos más alas
que perfiles oblatos de endiosados adonis
arrendando sus egos
a incruentas masacres.

El trasero se endiosa cuando el triceps muscula
al trasluz de la hormona que se obstina y se crece
desterrándole al lípido proteínico y magro
hacia un mundo perdido
de existencia improbable.

Por eso te dispenso de ilusiones ficticias
y descarno tu esencia de babeantes secretos,
no eres más que un negocio de salud obstinada
paradigma del caos
de estos tiempos letales.

sábado, 14 de febrero de 2009

PARA TI Y PARA MÍ

Foto: Santiago Redondo Vega

No guardo para el odio espacio físico,
ni armario en el desván para majar claveles,
me basta esta soez versión del mundo
como alacena ingenua donde asilar mi boca,
donde abrigarme en mí,
remoto y libre.

Azul y cotidiano deambulo por el tiempo
de las abulias íntimas y las esquirlas leves
que a cada nuevo día asaltan mis balcones
percutiendo la alarma venial de mi conciencia,
como ladrones tétricos,
como mirones lúbricos.

Y todo para ir adecentando apenas
un verso mineral de atolondrada hipótesis
plantado en el zaguán insobornable
donde insiste en crecer la inercia siempre
de degollar pequeños
espacios infinitos.

Mil cielos anillados de sinrazón con nombre
se dejan recrear por el papel impreso
a la vez que se inundan de amable lluvia ácida,
o renacen con ira sus labios despiadados,
o remueren, amorfos,
sus desdentados limbos.

Para ti y para mí que amamos esto
que hemos dado en llamarle poesía
siempre hay hueco en la palma de la boca
para un verso que amanse los rigores
del invierno real
y del ficticio.

jueves, 12 de febrero de 2009

AYER, MADRE

Foto: Santiago Redondo Vega

Ayer, madre, fue cinco de febrero
de un gélido y prosaico dos mil nueve
de jueves anodinos, hasta el rayo
que te anegó de paz y muerte el rostro
y perpetró la inercia de tus párpados
con su lacre de frío y mansedumbre.

Ayer, madre, la vida
echó pie a tierra en ti, como quien entra
descalzo en el azul de un cielo oblongo.

Ayer, madre, enterré
tu cuerpo apenas, con alma mineral
y amor ingrávido.

Ayer, madre, cumplí por ti mi parte
y te deposité marmórea y huérfana
en ese secular caimán de epílogos
donde descansa en paz el tiempo siempre.

¡Qué duro es el oficio de ser hijo
cuando toca enmendar niebla en tu abrazo!
Me duelen todavía de injusticia
los ojos por la deuda que mantengo:
tú me acunaste en sábanas de vida
y yo te arropo en lágrimas de muerte.

No tengo más que darte que mi luto
la savia de mi piel, carne en tu nombre,
el adiós de estos versos como lápida
y mis labios en cruz frente a tu olvido.

domingo, 11 de enero de 2009

LLUEVE ESTA TARDE

Foto: Santiago Redondo Vega

Llueve, en esta tarde
de corazón confuso, llueve
cauterizando en lágrimas la rendición del suelo,
al son del marcapasos de un funeral de hormigas
que fingen la tristeza de su asumido luto.
Llueve en la boca impresa,
llueve en el pecho anárquico,
llueve,
corazón,
llueve,
sueña que llueve
aunque te irradien soles
por la conciencia misma que la verdad te miente.

ROSA DEL FRÍO

(A un primer gran amor)
No sé por qué han venido los pájaros a darme
noticias de los idus
de tu desdén de cuarzo.
Ni a quien han sonsacado la pócima secreta
con que extraer tu nombre
de tan remoto instinto.
Del magma en que renaces me tientan los recuerdos
con vino y pan de almizcle
de un tiempo en que colmábamos
las bocas de alacranes.
Ahora te has vuelto salvia, y ni besas, ni mientes,
ni hacen eco en tu sombra obsoletos neones
donde herías mi lengua con tu lengua de olvido
avarienta y pequeña.
Se inundó tu guitarra de los locos acordes
de universos de niña
cuando apenas el mundo te enmendaba las alas de tu ingenua inocencia.
Y aquel sueño, tan tuyo, de anhelar ser un viento delirante y utópico,
de querer ser más libre aventando molinos con soplidos de nácar,
se durmió en la trastienda
de un librero de viejo, o un tratante de silbos.
No eran tiempos de huirse tras crucigramas mudos,
ni adentrarse en sudokus a la carta más alta,
cada sopa de letras guarda un hambre consciente
y un matraz para el juego
y un dosel para el luto.
Desde ese hambre te nombra,
con un verso en los labios,
mi ayer donde pernoctas como Rosa del frío.

martes, 30 de diciembre de 2008

COSMOS


Soy un ser ignorante para entender un cosmos
tan gigantesco y cuántico,
tan estelar y elíptico,
tan intangible a mi agnóstico azimut
que agota la memoria del satélite intelectual de mi cerebro.
Por mucho que me digan quienes circundan los cielos de años luz
que soy parte en su parte y que mi pulso
repercute en el pulso galáctico y astral de los planetas,
de las estrellas errantes, de los secretos de Orión y de las vías
de estratosferas lácticas,
me sigo viendo así, pequeño, ínfimo, tremendamente inútil
al latido abismal de tan inmenso cielo.
Ya me es grande la tierra y me desborda
soñar el más allá de un mar que aúna
el secular dolor de una frontera impresa
parcelando en países y profanando en vergüenzas de colores pastel
la mítica geoda
inicial y pretérita del alba,
que no es raro que a veces me sobrepasen a un tiempo y desde mí
la ciudad y la calle y la casa y la piel
y hasta el cosmos apacible de un silencio.

viernes, 28 de noviembre de 2008

POESÍA

Foto: Santiago Redondo Vega
"La poesía es tiempo yendo al tiempo"
Boris Rozas, poeta.

El tiempo yendo al tiempo es poesía
de un labio hacia otro labio y tan consciente
como un áspid de luna que envolvente
te atrapa, te sumerge, te porfía.

Reptando por tu humana geografía
hiberna en el maná de tu inconsciente
y embarca la mesura de tu frente
en un mar de prolífica osadía.

Serpea en libertad tu alma desnuda
de escamas y colmillos, hasta herirte
bestial, antropofágica y picuda.

Y no puedes huir, has de rendirte
a su concupiscencia testaruda
y admitirla en tu cama o reescribirte.