sábado, 2 de noviembre de 2013

DIARIO DE UN POETA NOCTÁMBULO (IV)


Foto: Santiago Redondo Vega

JUEVES, 4

Cada cosa en su azar guarda un secreto
envuelto en alma lúcida y congruente;
su precio es la obsesión por descubrirlo.

Tu voz, mi voz, tu piel, mi piel, y el hombre
soñando hacerse eterno en cada jueves
de vino o de abstinencia.

Los pájaros, la sien, el guiño de la luna,
el roto en tu bolsillo que ha dejado escapar esas monedas
cobradas tras venderle tu alma al diablo.

Y absorto en ese albur lidias –ingenuo- el toro de la vida
sin fijarte en la sombra que se embosca en tus carnes
ansiosa de esculpir en mármol tu epitafio.

Si no miras atrás, la vida –¿acaso dios?- tan pronto embriaga
como te embiste, cornea y descuartiza.

(Botijo de Plata Justas Poéticas de Dueñas (Palencia) 2013)

domingo, 27 de octubre de 2013

DIARIO DE UN POETA NOCTÁMBULO (III)


MIÉRCOLES, 3

Los miércoles transcriben el diario
que la rutina va dictando  en braille.

La vida nos embauca
con todas esas cosas que nos pasan de largo cada día
por la memoria incierta de los ojos
sin empaparnos casi.

La tez de un despertar, el beso
del sol en las pupilas, la lengua
de acero al afeitarte, el pulso del café,
la tos del autobús, la calle tan repleta y tan vacía, el ritmo
odiado y pertinente del trabajo.

Y en la verdad más cruenta, donde el cénit
del mundo es un ciprés que se desangra,
un viejo se refugia en las palmas callosas de sus manos,
ajeno y mineral, como tu torso.

(Botijo de Plata Justas Poéticas de Dueñas (Palencia) 2013)

sábado, 12 de octubre de 2013

DIARIO DE UN POETA NOCTÁMBULO (II)



MARTES, 2

Detrás
de los cristales nublos de los martes
se embosca la tristeza. El tedio
se ha posado en las crines de su esquivo unicornio.

La calle, cabizbaja, es un mastín de lluvia
y un mar de transeúntes naufraga entre paraguas
buscando un soportal que les cobije del destierro de asfalto.

La tarde se ha hecho erizo de bruma de repente
y sus ojos mendigan ternura en otros ojos,
mientras mi voz se embarca
hacia la Ítaca en prosa que me legó tu aliento.

Hay siempre un más allá en la voz que ignora
que somos los Ulises del tiempo y su vorágine.


(Botijo de Plata Justas Poéticas de Dueñas (Palencia) 2013)

domingo, 6 de octubre de 2013

DIARIO DE UN POETA NOCTÁMBULO (I)


LUNES, 1

He aprendido a vestirme la piel que me delata,
a conversar a solas con mi propia verdad que se suicida
los lunes, sin carmín y sin memoria,
por el abismo impreso de los libros.

He aprendido a buscarme
en el alma enjaulada en la trastienda
de las cosas más nimias,
en sus heridos párpados, celosos
de tus labios de absenta.

He aprendido a escuchar
del río sus remansos, como quien cuelga
sus palabras del eco que repite su nombre
y le incita a que vuelva a ser el niño
que ensartaba con lascas el agua entre dos mundos
de infancia y madurez irrenunciables.


(Botijo de Plata Justas Poéticas de Dueñas (Palencia) 2013)

domingo, 19 de mayo de 2013

UN HOMBRE MÁS



También él era un hombre –palabra- pero su hombría se negó a aceptarlo. Nunca se retrasó en poner en hora su reloj de sueños, aunque osó desertar de la maldita hipocresía de este tiempo caín e insolidario. Desde entonces mendiga la ciudad, ausente, marginal, pernoctando el desprecio de la calle en la piel; entre el inmenso azul de un engreído cielo y el verde plastificado de los parques. Cualquier luna de luto, cualquier cajero inhóspito, llorarán su partir hacia la libertad de los ¿cobardes?

sábado, 11 de mayo de 2013

DESAMOR


Lloraba el cielo por la sien de octubre. Tu boca -esta vez no- no amaba con pasión: eras mentira; apenas el descrédito del agua que vuelve por rutina a la ciudad, hasta inmolarse. Calló la libertad. No había palabras que reprocharle al mundo; era la inercia –quizá- de nuestras vidas quien nos soñaba del tiempo incompatibles. Jamás aquel tú y yo volvería a ser nosotros. Cerré el paraguas, me di la vuelta y arrojé tu nombre al viento, esperando que la lluvia desandara las calles con tu rastro.

domingo, 10 de marzo de 2013

EL TIEMPO FLUYE


Foto: Santiago Redondo Vega

Se descarría el agua, fluye
por la vertiente herbívora del tiempo;
toda
la tierra se humedece
contra el silencio ambiguo de los ojos.

El mundo late ahí,
siglo tras siglo,
sin importarle nada, nadie, nunca.

La indefensión del musgo, la conciencia
legítima de un beso, la boca
que no ha sido, el miedo;
el miedo a no asumir
lo irremediable.

La vida es un ser vivo
que ignora y desconfía cuanto arrasa.
Y el hombre
un mineral, apenas labio, 
que sueña más allá de lo imposible.